25 países, más de 80 ciudades visitadas y un sinfín de anécdotas en cada lugar. Me encanta viajar, bien sea por trabajo o por placer, siempre encuentro un momento para perderme por las calles de cualquier lugar, sentir su energía y, sobre todo: disfrutar de su gastronomía y de la gente local.

Creo firmemente que cada viaje me transforma y como estamos en verano he activado mi modo “remember” y voy a intentar recordar una frase, un aprendizaje, una emoción o una imagen de lo que para mí supuso cada uno de los viajes que he realizado.

Estados Unidos: he visitado varias veces Estados Unidos porque durante 4 años coordiné las estancias internacionales del máster de Comunicación Política y Asesoramiento de Imagen de la Universidad Pontificia de Salamanca. Durante un mes al año íbamos con los alumnos a América y visitábamos diferentes países de distintas zonas, Estados Unidos era uno de ellos. Combinábamos visitas a medios de comunicación con reuniones con partidos políticos para conocer su trabajo, clases y también, tiempo para el ocio.

– Nueva York: por placer y trabajo. He visitado en dos ocasiones Nueva York: una repentina de 24 horas y otra más pausada de 10 días. Resumiría mi paso por Nueva York como la congelación y la pausa ante el caos y la locura: una ciudad que va rápido y a cualquier parte pero que puedes detener sólo con una mirada más elevada al horizonte: tú decides si moverte a la velocidad de la ciudad o si parar e inventar tu propia forma de disfrutarla.

– Washington DC: viví en la ciudad un acontecimiento histórico: la muerte de Osama Bin Laden. Esto cambió nuestros planes, no sólo para aquella noche que nos dirigimos a la Casa Blanca para vivir en directo y de primera mano ese acontecimiento, también condicionó las siguientes entrevistas con demócratas y republicanos que teníamos planeadas y a los que no podíamos evitar preguntarles por la gestión interna de este tema -fui a la ciudad con el máster-.

– Florida: una película constante se rodaba por cada lugar en el que caminábamos. ¿Mi lugar favorito? Versailles, un restaurante en la Pequeña -y maravillosa- Habana (Calle 8) que representa mucho más que un restaurante: un icono de la política de los exiliados cubanos y una visita obligada de políticos.

Honduras:

– San Pedro Sula: me descubrió y recordó “los abrazos de verdad” a alguien que acabas de conocer. Un gran recuerdo lleno de energía positiva, confianza, generosidad y bienestar emocional.

Venezuela:

– Caracas: la ciudad de los incidentes: durante nuestra estancia se incendió el Cerro Ávila, además visité “los bajos” del aeropuerto para chequear con los perros mi maleta porque contenía muchos papeles, tuvimos que llamar al médico para un alumno… y algún contratiempo más, pero, al final, ¡todo tiene solución y también miles de buenos momentos que recordar!

Argentina:

– Buenos Aires: fui unas 3 veces por el máster y me cautivó con cada visita: sus ritmos, su choripan, sus barbacoas en la calle… La sola escritura me evoca y me transporta hasta allí.

– Tigre: la pequeña Venecia argentina.

– La Plata: una escapada interesante!

Chile: un viaje reciente para ofrecer formación como docente a Aguas Andinas (+info).

– Santiago de Chile: colores, luz, comida… ¡Pisco! Un gran viaje de trabajo convertido en viaje de placer gracias al teletrabajo: cuando el lugar no importa, importa el trabajo realizado.

– Valparaíso: un descubrimiento constante de graffitis.

Portugal: carretera y manta… -bueno, sin manta que era agosto-. Recorrimos Portugal de norte a sur en vacaciones y fue, sencillamente, renovador y gratificante. Volvería a comerte una y mil veces más querido Portugal. ¡Ah!, descubrí esta canción durante nuestro viaje.

Marruecos: fan absoluta. Junto a China son mis dos amores a los que espero volver más pronto que tarde.

– Tánger, Tetuán, Chauen: tengo familia en Ceuta, así que para mí la zona norte de Marruecos es casi una visita obligada cada vez que voy a visitarles. Aunque reconozco que es la zona más turística de las que he visitado, no puedo dejar de mencionarla porque nos hemos visto crecer mutuamente con el paso de los años.

– Fez, Volubilis, Meknes, Mulay Idris: probablemente el viaje más auténtico que he hecho en Marruecos por lo desconocido del lugar y la ausencia completa de turistas. Un viaje tremendamente especial.

– Rabat, Casablanca: Marruecos con amigos! Seducir a una de mis mejores amigas con la idea de que tenía que conocer el país, ir a Rabat, visitar Casablanca y que un año después me proponga ir a Marrakech por los buenos recuerdos… ¡No tiene precio!

Inglaterra:

– Londres: digamos que nos respetamos porque tenemos a personas allí a las que ambos queremos pero que sabemos que no volveríamos a cruzar nuestras miradas si no fuera por ello. Me faltó alma en la ciudad la primera vez que la visité y ahora me estoy reencontrando con ella.

Paradojas de la vida, aunque en la ciudad no haya encontrado toda el alma que me hubiera gustado, sí lo encontré en uno de sus espacios de innovación: la Tate Modern Gallery, donde escribí por primera vez el concepto “Neotelling”.

– Oxford: Una visita mágica donde se respiraba cultura, educación, amor por el conocimiento y por la mejora continua. Me encantó!

– Canterbury: pequeños encantos escondidos bajo grandes ciudades.

Suiza:

– Ginebra, Vevey, Lausana, Berna, Zurich: una ruta por Suiza y Francia en un mismo viaje en el que hubo tramos que se nos hizo muy cuesta arriba, sobre todo si te cierran la autovía sin aviso previo y tienes que subir con un Polo una mega cuesta por un pueblo que no conoces de noche y con un todoterreno detrás que como se te vaya un pelín el coche… ¡golpe asegurado! Pero tras la correspondiente angustia, vimos la farola -que no luz- al final del túnel y nuestro Polito se portó!

Francia: no, ¡no he estado en París aún, pero lo tengo en mi lista de escapadas obligadas!

– Lyon, Annecy: Annecy es una ciudad con tanto encanto que si por aquel entonces hubiera tenido Instagram hubiese sido protagonista total de mis Stories.

Bruselas

– Bélgica, Brujas: siempre que he ido la he disfrutado en diciembre -viajábamos con el máster para visitar el Parlamento Europeo-, lo que la ha envuelto de un encanto muy especial. Cuando recuerdo estas visitas no puedo evitar hacerlo de las fresas bañadas en chocolate que siempre nos tomábamos, ¡un placer sublime!

Alemania

– Berlín: de Berlín me quedo con sus ríos helados y sus estampas invernales.

– Fráncfort, Böblingen, Stuttgart, Múnich, Selva Negra: de todos los lugares de este viaje el que más me impactó fue, sin duda, la majestuosa Selva Negra: sus lagos, cómo la luz atravesaba el agua, la transparencia del agua, las montañas…

Y encontrarse a Jorge Blass en un pueblo de Alemania porque va a un Congreso Mundial de Magos también tiene su gracia, sobre todo cuando años después le incluyes sin darte cuenta de la anécdota en el libro #Neotelling por su cita: “La magia no está en el truco, ni siquiera en el mago, sino en la mirada de un espectador ilusionado”. ¡Conexiones mágicas!

Suecia

– Estocolmo: pulcritud y diligencia.

Italia

– Venecia, Florencia, Roma: mires donde mires, siempre hay una maravillosa vista que inmortalizar. Comidas, cenas -como estáis descubriendo, le doy mucha importancia a la comida :-)-, confidencias, momentos, deseos…

– Nápoles y Pompeya: Nápoles, un descubrimiento en toda regla, no me la esperaba así y me sorprendió. Y de Pompeya qué decir! Una maravilla, un STOP obligatorio en el tiempo, una pausa para percibir tanto sólo caminando por ese lugar… Cuando el vello se eriza y no es de frío…

Polonia

– Cracovia: una manifestación en la que nos vimos casi envueltos sin quererlo -por estar solamente disfrutando de la plaza principal de Cracovia- y que nos dejó sin palabras…

República Checa

– Praga: recuerdo con cariño el free tour que hicimos. La pasión con la que nos contaron la historia de Praga hizo que lo que podía haber sido una ruta más se convirtiese gracias a una buena comunicación en una empatía absoluta con los checos.

Eslovaquia

– Bratislava: siempre hay alguien mirando… (alusión a las estatuas que plagan la ciudad).

Austria

– Viena: esa tarta Sacher en el Hotel Sacher… Lo auténtico siempre hay que probarlo.

Hungría

– Budapest: para mí, la ciudad de los contrastes, no por sus monumentos o sus vistas, sino por la comparación de mis dos visitas a la ciudad y su oposición entre ambas. Pensaron que era una turista cuando, en realidad, soy una viajera incansable que recordaba la ciudad un poquito más amable y más justa en precios. Aún eso, los buenos recuerdos priman sobre los inconvenientes que sufrimos esta última vez. Dicen que a la tercera va la vencida, tendré que volver para hacer las paces.

Grecia

– Atenas, Delfos: un espacio para crear, inspirarse y encontrarse con la naturaleza y con el pasado.

Bulgaria

– Sofía, Veliko Tarnovo, Plovdiv: la desconocida y apasionante Bulgaria.

Rusia

– Moscú, Serguéi Posad, San Petersburgo, Pushkin: personas sin medias tintas: frialdad contra un calor máximo; indiferencia contra una ayuda extrema.

    

India

– Delhi, Agra, Jaipur, Ajmer, Jodhpur, Varanasi, Rishikesh, Haridwar: un viaje infinitamente intenso que acabo de realizar y del que todavía necesito que las experiencias se conviertan en poso.

China

– Pekín, Chengdú, Chongqing, Leshan: desde siempre me ha atraído China y su idioma, comencé tímidamente en la Universidad a aprenderlo con una pequeña guía que me compré en una librería y me lancé a la piscina con 8belts medio año antes de ir a China. Sabía que era mi viaje, iba a la cuna del esfuerzo y siendo éste tan importante en mi vida, la conexión con el país era predecible.

Su gente, su vibra, su energía, su comida, sus intenciones, su honradez… La verdad es que me enamoré no sólo del lugar, también de su gente y de las experiencias que viví  allí. Espero poder volver pronto, de momento he dejado mi granito de arena en el Instituto Cervantes de Pekín con Neotelling para que su potencial se vea incrementado con una comunicación eficaz.

España: mi casa, mi tierra y a la que no mimo muchas veces como debería. He recorrido casi todas las provincias y muchas de sus ciudades y pueblos; sin embargo, aún me quedan muchos tesoros por descubrir y es que aunque muchas veces miremos hacia fuera, la verdad es que el placer de viajar va desde un fin de semana en canoa en la ruta Corazón de las Hoces hasta una semana redescubriendo las Arribes del Duero donde he crecido y pasando, por supuesto, por escapadas a cada uno de los diamantes que esconden nuestras montañas, nuestros lagos, nuestras costas y, por supuesto, también nuestras cazuelas 🙂

No son las personas las que hacen los viajes, sino los viajes los que hacen a las personas (John Steinbeck)


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